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mercanciasLos efectos de la pandemia de COVID-19 se extienden mucho más allá de la salud humana. El transporte marítimo de mercancías y cargas, que es la columna vertebral del comercio y aseguramiento logístico mundial, también ha sufrido una fuerte embestida con la propagación del virus y las estrictas medidas tomadas en la mayoría de los países para detener su avance.

Con motivo de cierres o restricciones temporales que se han venido dando en muchos puertos y destinos, se hicieron comunes los retrasos en el movimiento de las cargas, su paralización durante períodos en determinados puntos, o la necesidad de desviarlas de la ruta convenida. Esas alteraciones, que modifican proyectos logísticos originales, provocan sobrecostos y además incumplimientos en contratos de compraventa o suministros, entre otros problemas.

Para quienes más las sufren, que pueden ser los dueños de los productos que se mueven o los operadores logísticos, buscar respaldos en su Seguro de Transportación de Mercancías y la empresa que lo provee, viene resultando otra práctica habitual.

En el Sector Asegurador se está valorando cada incidencia de este tipo, a partir de la interpretación que cada compañía haya decidido concederle a las situaciones excepcionales generadas por la COVID-19. Aun cuando suelen aparecer bien delimitadas por contrato/póliza las coberturas específicas, así como los alcances y exclusiones de ese producto de seguro en particular.

Varios textos de blogs y sitios de aseguradoras han enfatizado en que las pólizas de transporte de cargas amparan básicamente ante los daños físicos que puedan sufrir las mismas durante el curso ordinario de su transportación, o frente a su pérdida; a lo que se suma un grupo de exclusiones. Entre ellas, destaca el dolo del asegurado, el uso o desgaste normal, la insuficiencia del embalaje, el vicio propio de la mercancía, o la insolvencia financiera de armadores y operadores.

Remarcan asimismo esos acercamientos al tema en otras coberturas que no brindan estas pólizas, o ciertos alcances muy limitados, que deben conocer a fondo los clientes que las contratan:

Retrasos: Aunque afectan a todos los involucrados en la transacción de transportación, por lo general no se encuentran cubiertos bajo el contrato de este Seguro, aun cuando hayan sido causados por un riesgo asegurado.

Cargos por demora: El exceso en tiempo para cargar o descargar una embarcación, o liberar mercancía del puerto de descarga, puede resultar en cargos por demora y/o penalizaciones al transportista/dueño de la mercancía. Los mismos, tampoco son recuperables a partir de esta póliza, a menos que el retraso o retención esté previsto por contrato, a fin de inspeccionar tras una pérdida.

Desviación: En el caso de puertos no seguros, el transportista se reserva el derecho de desviarse a uno distinto al que se describe en el conocimiento del embarque. La póliza tradicional de transporte incluye una cláusula que permite ciertos retrasos o desviaciones en tránsito sin que se anule la cobertura; pero los costos adicionales de flete y reembarque no suelen estar incluidos.

Fuerza mayor: Muchos contratos con proveedores, transportistas y actores logísticos incluyen esta cláusula. Esencialmente, los exime de cumplir con las obligaciones en caso de un evento inesperado o incontrolable, como el que ha provocado el nuevo Coronavirus. Pero es importante que los eventos que se consideren fuerza mayor queden bien estipulados, siempre que se pueda, en el contrato sellado.

Fuentes: https://noa.aon.es y http://t21.com.mx