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crecerseDicen que los hijos logran hacerse realmente independientes cuando aprenden a enfrentar los problemas por sí mismos y a manejar de forma efectiva sus propias finanzas en los momentos difíciles. Porque las situaciones de adversidad son las que ponen a prueba la capacidad de resistencia y superación de los seres humanos, lo cual pasa también en los proyectos empresariales o negocios que estén guiados por el propósito de avanzar, incluso en esas circunstancias.

Sin embargo, en el camino para volverse más fuertes y capaces resulta importante aprender a incorporar algunas herramientas de apoyo, como es el caso del Seguro, que brinda respaldos más que probados en función del desarrollo, la autonomía y también de la eficiencia; lo que aplica sobre todo para el entorno empresarial.

En ese ámbito en específico, donde los riesgos suelen aumentar y complejizarse, el estar asegurado contribuye a que se logre proteger, en primer lugar, la posibilidad de mantener la operación y continuidad del emprendimiento empresarial ante un grupo muy diverso de probables daños o pérdidas, que de ocurrir podrían llevar a la paralización parcial o total del quehacer productivo, así como a la consecuente afectación del capital destinado para impulsarlo, si no se cuenta con reservas.

Al suscribir una póliza o contrato de Seguro, y comprometerse por tanto al pago de una prima que generalmente resulta mínima si se compara con lo que se pone a resguardo, una empresa apuesta por tener esa alternativa de apoyo financiero siempre a la mano, con lo que estará preparada para enfrentar mejor algunas de las eventualidades que podrían frenarla o detenerla en sus planes de desarrollo.

Contando con mecanismos de respaldo como éste, la entidad también podrá sostenerse en otro principio elemental: el de respetar aquellos recursos financieros que ha decidido enfocar en su crecimiento y seguir cuidando de un bolsillo propio, cuyos ingresos debían transmutarse básicamente en aportes y beneficios muy concretos, más las imprescindibles reinversiones.

Por eso, en tiempos en que Cuba está llamando a su sector empresarial a crecerse todavía más, a perfeccionar estructuras y acoger alternativas que sumen puntos a favor de la eficiencia y la soberanía en el actuar; en estos tiempos en que las dificultades arrecian y los dineros tienen que rendir y multiplicarse, el Seguro debería ser valorado y asumido desde estas otras perspectivas.

Si muchos más de esos actores empresariales cubanos lo incorporaran en su operatoria, podría incluso contribuir favorablemente sobre el empeño ya anunciado de que el Presupuesto del Estado, hasta ahora visto como un ente paternal y sobreprotector, se destine solo a las obras más grandes y justas del país.

Para las numerosas entidades nacionales que así lo han entendido, el Seguro se ha convertido a lo largo de los años en un aliado cada vez más fuerte, que no solo les colabora en aliviarse de antiguas preocupaciones, sino además en poder gestionar sin mayores agobios parte de las situaciones de crisis que les van surgiendo en el camino.