Justo cuando la temporada de huracanes en la región suele entrar en su período de mayor dinamismo, se han revisado al alza los pronósticos iniciales anunciados con respecto a la misma, debido a que la disipación del fenómeno natural El Niño en el Pacífico, y por otro lado la disminución de las nubes de Polvo del Sahara llegando al Atlántico tropical, resultan situaciones que incidirán en terminar con la relativa tranquilidad ciclónica imperante hasta ahora en esa zona.
Según explicaron días atrás meteorólogos y expertos de varios países, al parecer la persistencia de ambos fenómenos generaba condiciones climatológicas en las que se inhibía de manera significativa el surgimiento e intensificación de los ciclones tropicales, pues les creaba un ambiente sumamente hostil.
Por ello, en su actualización de predicciones para lo que resta de temporada, el Centro de Pronósticos del Tiempo, de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés) está previendo ahora un aumento del 30% al 45% de probabilidades de una actividad "por encima de lo normal", lo que significa que podrían formarse de 10 a 17 tormentas tropicales con nombre (vientos de 62 kilómetros por hora o más), de las cuales entre 5 y 9 se convertirán en huracanes (vientos de 119 kilómetros por hora o más), incluidos de 2 a 4 huracanes más fuertes.
En mayo pasado, esa misma agencia, en consonancia con otras de la región caribeña, había vaticinado la posibilidad de formación de entre 4 y 6 huracanes, con solo uno o dos de condición más severa.
Durante julio y agosto, el polvo del Sahara aporta un aire muy caliente y seco al Atlántico tropical, justo la zona de máxima actividad ciclónica.
Con información de Europa Press y Granma

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